sábado, 1 de diciembre de 2012


LA SUPERVISIÓN ESCOLAR CONTEMPORÁNEA.
Salvador Islahuaca Gómez

Maestro-investigador egresado de la Maestría en Educación Básica (UNIDAD 321, UPN-ZACATECAS).


“El mejor maestro es aquel que trata de realizar en si

mismo lo que trata de realizar en los demás” (Demóstenes).

     La escuela pública mexicana es una organización social de carácter cultural, donde se  trabaja para que los estudiantes desarrollen todo su potencial humano, construyan y movilicen saberes; es un lugar donde sus integrantes participan de un modo especial en las interacciones y en las relaciones que se establecen en su interior, ya que está conformada por personas que desempeñan roles diversos. Como institución plenamente reconocida enfrenta múltiples retos en un mundo que está experimentando cambios constantes, cambios que se presentan día a día en la ciencia, en la tecnología y en general en todos los campos del saber humano, la sociedad del conocimiento avanza hacia nuevos paradigmas que exigen la mejora constante en todos los aspectos, y conduce a sus miembros hacia exigencias de competitividad y productividad.

     Nuestra sociedad ha depositado en la educación que se imparte en las escuelas la esperanza de formar integralmente a los ciudadanos del futuro, se trata de que estas instituciones los eduquen para la vida frente a las demandas de la modernidad y la globalización, por tal motivo, el Sistema Educativo Mexicano ha iniciado una serie de reformas y transformaciones en educación básica, derivadas de la concientización del agotamiento de un modelo tradicional que no ha conciliado el crecimiento cuantitativo con niveles satisfactorios de calidad, eficiencia, eficacia y equidad, ni de satisfacción de las nuevas exigencias sociales; el funcionamiento óptimo del Sistema Educativo se convierte en una de las principales prioridades del país para garantizar la preparación de las nuevas generaciones que puedan adaptarse y sobrevivir en las sociedades complejas del mañana. 

Las escuelas eficaces y su gestión educativa.

     Con la preocupación de mejorar la eficacia, la eficiencia, la equidad, la pertinencia, la relevancia y en general la calidad de la acción educativa nacional nos hemos embarcado en la búsqueda constante de formas distintas de hacer cosas diferentes para obtener resultados distintos. Este movimiento nos ha orillado o nos ha encaminado hacia la transformación de los procesos educativos, que por supuesto, se pretende que los alumnos reciban una educación de calidad con equidad para todos, la profesionalización y actualización de los docentes, y a consolidar a las escuelas como instituciones sólidas y eficaces. Al respecto Murillo (2005) afirma que:

una escuela eficaz es aquella que promueve de forma duradera el desarrollo global de todos y cada uno de sus alumnos más allá de lo que sería esperable teniendo en cuenta sus condiciones previas, al mismo tiempo que fomenta el desarrollo de la comunidad educativa (p. 17).

      Así las escuelas eficaces son las que ofrecen trato equitativo a cada uno de sus integrantes, se caracterizan por constantemente estar perfeccionando su organización, practican un liderazgo profesional, tienen una visión y objetivo compartido, crean ambientes propicios para la enseñanza y el aprendizaje, sus expectativas son elevadas, establecen claramente los derechos y responsabilidades de sus actores, buscan la colaboración hogar escuela y están constantemente revisando el currículo para garantizar el desarrollo del pensamiento crítico de todos sus alumnos, siempre vinculan su visión a la planificación y elaboran estrategias para la mejora continua.

      Pero, ¿cómo lograr esa tal efectividad escolar? La respuesta se encuentra en organizar y sistematizar, en prever y satisfacer, en planear y ordenar, en actualizar y profesionalizar, en crear y construir, en regular y evaluar, en proyectar y programar un Sistema Educativo Nacional capaz de cumplir con los requerimientos que la sociedad le ha asignado.

     Se trata de superar el paradigma administrativo burocrático existente, caracterizado por ser un modelo de gestión que se ensambló bien a la cultura normativa y verticalista del sistema educativo tradicional, el fenómeno de adopción ha sido tan perfecto que aun en nuestros tiempos se siguen practicando las peculiaridades mencionadas por Elizondo (2001), por ejemplo, las instituciones educativas se rigen por normas y reglas escritas, la comunicación es formal y por escrito. Cada trabajador sea docente, conserje, director, supervisor, etc., realiza funciones, tareas y responsabilidades específicas, cada cargo inferior está bajo el control y la supervisión de uno superior: Alumno-docente-director-supervisor-jefe de sector-jefe de región.

     El desempeño y la disciplina de cada cargo están sujetos a manuales o reglamentos que contienen un conjunto de reglas y normas que se han de cumplir al pie de la letra, para dictaminar puestos laborales se emplea la acumulación de méritos en un sistema de escalafón, dentro de la zona escolar nadie puede vender y ni comprar un cargo. Cada profesional recibe un salario de acuerdo al cargo que ocupa, además poco a poco se vuelve especialista del trabajo que está desempeñando.

      Para bien o para mal el modelo burocrático ya no tiene cabida en el ámbito educativo, Casassus (2001) escribe al respecto que debemos pasar de una situación rígida, determinada y estable, a situaciones cada vez más flexibles, cambiantes e indeterminadas, las cuales demandan acciones de ajustes constantes de innovación, que viajemos de una perspectiva de tipo técnico-racionalista-lineal a un plano emotivo no lineal, holístico, pues las exigencias de este mundo cambiante nos orillan a ello. Entonces se hace necesario en “los niveles central, intermedio y local” (Pozner, 2002, pp. 35-36), gestionar lo educativo desde un paradigma que contraste lo abstracto con lo concreto, lo determinado con lo indeterminado, lo seguro con lo incierto, lo rígido con lo flexible, arriba con abajo, lo homogéneo con lo diverso, lo unidimensional con lo multidimensional, lo disciplinario con lo multidisciplinario y lo objetivo con lo subjetivo, que nos conduzca hacia un nuevo modelo emergente de gestión educativa, el cual otorgue a cada escuela y a sus directivos el poder de resolver su propia problemática en un ambiente de participación democrática de todos los agentes y de los organismos de apoyo (Asociación de Padres de Familia, Consejo Escolar de Participación Social entre otros.); además permita que esta unidad educativa (escuela) transite hacia la autonomía para tener la libertad de elegir las formas más adecuadas de lograr los propósitos y objetivos de la educación.

      Así mismo y para aspirar al mejoramiento de la calidad educativa se hace necesario la práctica de un liderazgo académico que influya en la toma de decisiones contextuales, pero también este modelo deberá considerar que es necesario reorganizar la escuela en la distribución de actividades, en las formas de participación, en el ejercicio de la autoridad, en las relaciones interpersonales y en otro aspectos que nos lleven a una nueva organización escolar; de la misma manera la planeación y evaluación escolar deben ser tomadas en cuenta como procesos mediante los cuales se concreten las opciones de cambio y mejoramiento de la vida escolar.

      Así pues, se debe ir de ese modelo o tipo de administración tradicionalista, autoritaria, lapidante, rutinaria, rígida e imperativa, hacia una nueva gestión más participativa, más democrática, más colaborativa, de consenso y de inclusión. Para ello se requiere implementar modelos de gestión acordes a la realidad educativa del siglo XXI, pero ¿qué se entiende por gestión?,

     La gestión es el conjunto de acciones integradas para el logro de un objetivo a cierto plazo; como la acción principal de la administración (es parte de la administración y no es un sinónimo) y como un eslabón intermedio entre la planificación y los objetivos concretos que se pretenden alcanzar; Antúnez (2004) dice que:

“Gestión es el conjunto de acciones orientadas hacia la consecución de ciertos objetivos que se desarrollan en las diversas áreas de actividad de la organización y en cuyo diseño y evaluación participan, en alguna medida, las personas encargadas de llevarlas a cabo” (p. 169).

      Enfocando el concepto al terreno educativo, el Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación (IIPE) de la UNESCO conceptualiza la gestión educativa es un conjunto de procesos teórico-prácticos integrados y relacionados, tanto horizontal como verticalmente, dentro del sistema educativo para atender y cumplir las demandas sociales realizadas en la educación.

     Así, se entiende como gestión educativa, las acciones desplegadas por los gestores que dirigen amplios espacios organizacionales de un todo que integra conocimiento y acción, ética y eficacia, política y administración de procesos que tienden al mejoramiento continuo de prácticas educativas, a la exploración de todas las posibilidades y a la innovación permanente como proceso sistemático.

     Para efectos analíticos a la gestión  se le ha dividido en tres categorías de acuerdo con el ámbito de su quehacer y niveles de concreción en sistema:

     Gestión institucional. Se enfoca en la manera en que cada organización traduce lo establecido en las políticas y se refiere a los subsistemas y a la forma en que se agregan al contexto general sus particularidades, en el campo educativo, establece líneas de acción de cada una de las instancias de administración educativa. Desde esta categoría, ha de comprenderse que la orientación, la generación de proyectos, programas y su articulación efectiva, no se agota en la dimensión nacional pues resulta impostergable una visión panorámica del hecho educativo, de las interrelaciones entre todos los actores, en todos los planos del sistema mismo.

      En general, la gestión de las instituciones educativas comprende acciones de orden administrativo, gerencial, de política de personal, económico-presupuestales, de planificación, de programación, de regulación y de orientación, entre otras. En este orden de ideas, la gestión institucional es un proceso que ayuda a una buena conducción de los proyectos y del conjunto de acciones relacionadas entre sí, que emprenden las administraciones para promover y posibilitar la consecución de la intencionalidad pedagógica en, con y para la acción educativa. Asimismo, este tipo de gestión debe movilizar a todos los elementos de la estructura educativa; por lo que es necesario coordinar esfuerzos y convertir decisiones en acciones cooperativas que permitan el logro de objetivos compartidos, los cuales han de ser previamente concertados en un esquema de colaboración y alianzas intra e interinstitucionales efectivas.

     Gestión escolar. Según Loera Varela (2004) se entiende por gestión escolar, el conjunto de labores realizadas por los actores de la comunidad educativa (director, maestros, personal de apoyo, padres de familia y alumnos), vinculadas con la tarea fundamental que le ha sido asignada a la escuela: generar las condiciones, ambientes y procesos necesarios para que los estudiantes aprendan conforme a los fines, objetivos y propósitos de la educación básica.

     Al respecto agrega Tapia (2003) que es necesario convertir a la escuela en una organización centrada en lo pedagógico, abierta al aprendizaje y a la innovación, que abandone certidumbres y propicie acciones para atender lo complejo, lo específico y lo diverso; que sustituya las prácticas que no le permiten crecer, que busque el asesoramiento y la orientación profesionalizantes, que dedique esfuerzos colectivos en actividades enriquecedoras, que concentre la energía de toda comunidad educativa en un plan integral hacia su transformación sistémica, con una visión integral y factible.

     Gestión pedagógica. Es en este nivel donde se concreta la gestión educativa en su conjunto, y está relacionado con las formas en que el docente realiza los procesos de enseñanza, cómo asume el currículo y lo traduce en una planeación didáctica, y cómo lo evalúa y, además, la manera de relacionarse con sus alumnos y los padres de familia para garantizar el aprendizaje de los primeros. Para Batista (2001) la gestión pedagógica es el quehacer coordinado de acciones y recursos para potenciar el proceso pedagógico y didáctico que realizan los profesores en colectivo, para direccionar su práctica al cumplimiento de los propósitos educativos, entonces la práctica docente se convierte en una gestión para el aprendizaje.

     Hacia un nuevo modelo de gestión educativa supervisora.

      Lo interesante radica en el cómo implementar un nuevo modelo de gestión educativa que involucre las tres categorías de gestión descritas en párrafos anteriores, que contemple en su campo de acción la dimensión organizativa, la pedagógica-curricular, la administrativa, la de participación social y la política educativa; que motive a todos los actores (incluyendo al supervisor de educación primaria) a participar y colaborar codo a codo, en común acuerdo, en constante comunicación y como una comunidad educativa, además que considere a la democracia como enfoque disciplinario y que esté sujeta a principios tales como la innovación para la transformación y transformación para el mejoramiento de la calidad educativa.

     De todos es conocido que la realidad educativa actual nos presenta serios retos, uno de ellos es la puesta en marcha de la Reforma Integral de Educación Básica (2009), la aplicación de su contenido ha removido nuestras estructuras mentales y nos ha llevado a gestionar de otra manera el quehacer educativo. En el ámbito pedagógico-curricular el docente tiene que gestionar como mediador entre los conocimientos y los alumnos empleando renovados materiales, pues debe desarrollar en sus educandos capacidades y competencias para la vida.

     Los directivos, el supervisor escolar y el asesor técnico pedagógico tratan de entender y comprender el enfoque del contenido de la reforma curricular, se esfuerzan por conocer los nuevos materiales, así como las orientaciones técnico-metodológicas de enseñanza-aprendizaje,  y las formas de evaluación, todo  para poder asesorar al docente. Por lo visto, ya ninguno de los actores educativos debemos permanecer aislados, o querer proceder de manera individualista y autoritaria, debemos enfocarnos hacia innovadoras formas de proceder o de gestionar en nuestro trabajo profesional, aspirando a realizar prácticas más auténticas, impactantes, reflexivas y sobre todo más colaborativas.

      Si consideramos que la responsabilidad para mejorar  la educación mexicana  es tarea fundamental de todos los involucrados en el sistema, entonces el supervisor escolar debe asumir el rol que le corresponde, ya que su función es muy importante por su cercanía a la escuela. Coincidimos con García Cabrero (2008) cuando dice que la supervisión debe contribuir a lograr mejores procesos y resultados, y para ello es imprescindible buscar otras alternativas de gestión institucional supervisora que sean incluyentes y participativas para considerar o tomar en cuenta las opiniones y aportaciones, por diferentes que sean, de todo el equipo colegiado; que utilicen el diálogo informado como mecanismo de comunicación, de intercambio crítico y propositivo entre pares, que faciliten la interacción entre los miembros de la comunidad educativa de manera horizontal, además que implementen el trabajo colegiado y colaborativo entre los diferentes agentes o actores educativos.

     Así también y para incrementar la coordinación entre directores y maestros se hace necesario asumir un liderazgo compartido que permita ir acabando con la imagen tradicional de autoridad y ayude en la toma de decisiones para conducir de manera colectiva la organización (zona escolar); este nuevo tipo de gestión deberá fomentar la participación social en la tarea educativa ya que es innegable la contribución positiva de los padres de familia en los asuntos relacionados con el aprendizaje de sus hijos, de la misma manera que incluyan el enfoque democrático donde la corresponsabilidad, la colaboración y el consenso sean los elementos principales; así mismo se busca crear un modelo que sea flexivo y reflexivo sobre la propia marcha.

      En este sentido, Segovia (2006) afirma que se necesita pensar en una supervisión que asesore, oriente y acompañe a las escuelas de su zona escolar, para que asegure el aprendizaje de todos los estudiantes, que favorezca la participación activa y el involucramiento responsable de todos los actores y que incremente canales de comunicación sustentados en la confianza, en el respeto y en la tolerancia, donde el intercambio profesional abra oportunidades de mejora y cambio educativo. Para ello se requiere un replanteamiento de la gestión supervisora, en la cual se valoren los asuntos pedagógicos en la misma medida en que los administrativos, situación en la que es necesario establecer un equilibrio, con objeto de facilitar los procesos de llámese calidad educativa, cambio, innovación,  mejora o transformación escolar.

      Sabemos que es un trabajo muy complicado y complejo por las diferentes dimensiones que se deben atender, y sobre todo por la excesiva carga burocrática-administrativa existente; pero pese a ello, en este nuevo modelo de gestión institucional se necesita que la supervisión escolar asuma el nuevo rol de asesoría y acompañamiento a las escuelas de su zona, se requiere que el supervisor en calidad de asesor inicie “un proceso de ayuda basado en la interacción profesional y orientado a la resolución de problemas educativos asociados a la gestión y organización escolar, así como a la enseñanza y a las prácticas de los directivos y docentes” (SEP-PRONAP, 2005, p. 25).

       Entre los propósitos más sobresalientes de esta nueva función asesora  podemos mencionar los siguientes: impulsar la mejora continua del desarrollo educativo que afecta el proceso enseñanza-aprendizaje, apoyar los procesos formativos necesarios para el desarrollo profesional del personal docente y directivo, proponer acciones para que dicho personal se apropie de los planes y programas de estudio, del enfoque intelectual y de enseñanza de cada asignatura; de igual forma de los enfoque teóricos y metodológicos (aquí es donde el contenido de mi proyecto de intervención tiene cabida), la comprensión del contexto social donde se ubica la escuela y el respeto por la filiación cultural de los maestros, alumnos y comunidades, apoyar el diseño de estrategias para resolver diferentes problemas educativos, orientar el trabajo colegiado para la evaluación de la situación educativa del plantel, de la mejora de la gestión escolar, del intercambio de experiencias educativas y del uso óptimo de los recursos tecnológicos, materiales y financieros (SEP-PRONAP, 2005. pp. 26-27).

      Este asesoramiento incluido dentro de este nuevo modelo de gestión institucional supervisora tiene como base la visión y las prioridades del centro escolar, no hay estrategias predeterminadas, cada asesoría implica un diseño contextualizado y pertinente a la naturaleza y al grado de desarrollo en que se encuentra cada centro escolar. El asesoramiento se diseña a partir de diferentes elementos y procesos de diversos campos del conocimiento, los cuales interactúan entre sí, reconfigurándose siempre de forma distinta según el conflicto a resolver. Todo este proceso está sujeto a un riguroso procedimiento de construcción, de planeación, de seguimiento y de evaluación. Por eso como lo asegura Segovia (2006, p. 194), el asesor tendrá que convertirse en un agente de cambio que se caracteriza por ser paciente y constante, tolerante y respetuoso de los procesos internos de cada escuela, para instalar la innovación al ritmo y a las necesidades de cada una. Sin duda, el dilema está planteado: supervisor o asesor, o las dos cosas.

      A manera de conclusión se sugiere que la actual gestión cotidiana del supervisor de educación primaria contemple las siguientes actividades:

 

  • Trabajar arduamente en tareas de administración, laborales y técnicas pedagógicas; de información, comunicación y enlace; de supervisión, control, seguimiento y evaluación, así como de apoyo, asistencia y acompañamiento a las escuelas de la zona escolar de primaria.
  • El supervisor debe convertirse en un mediador que facilite el trabajo del colectivo docente y del director a través de la asesoría y acompañamiento; descubriendo fortalezas y debilidades en las escuelas y contribuyendo a encontrar soluciones a los problemas y necesidades por medio del apoyo académico.
  • Apoyar los procesos escolares para la mejora constante de la enseñanza y el aprendizaje, cuidando el funcionamiento normal (puntualidad y asistencia de maestros de acuerdo al calendario escolar), así como vigilando que se propicien climas laborales óptimos para el trabajo docente y para que se aplique el contenido curricular de manera planeada.
  • Acompañar a los actores educativos en su labor, estando cerca de sus prácticas, observarlas, dialogar e interactuar con ellos; al entrar en contacto le permitirá saber sus necesidades didácticas y sus demandas técnico pedagógicas, podrá evaluar de forma directa los procesos e-a y en su caso proporcionar los insumos para la mejora.
  • Involucrar a docentes y directivos en la elaboración y aplicación de llámese planeación estratégica, propuesta innovadora, proyecto escolar o plan de mejora, para responder a necesidades específicas del colectivo y de las escuelas que en relación a las demás se encuentran en condiciones desfavorables o presentan resultados deficientes en la prueba ENLACE u otras evaluaciones.
  • Asesorar académicamente a las escuelas de su área de influencia, aquí es necesario que el supervisor analice crítica y reflexivamente el nuevo Plan de Estudios de Educación Primaria, los enfoques de las asignaturas y sobre todo conozca a fondo el contenido de los libros de texto y la bibliografía de apoyo al docente.
  • En base a estudios exploratorios detectar cuáles son las principales fallas pedagógicas, administrativas y didácticas de los docentes, posteriormente buscar apoyo en otras instancias (centro de maestros, enlaces técnicos regionales, en la UPN y en otros más) para la implementación de cursos, conferencias, diplomados, simposios u otros estudios especializados que ayuden a capacitar y actualizar profesionalmente a docentes y directivos (formación continua).  Estas acciones también tienen como propósito principal que comprendan y se apropien críticamente del Plan de Estudios de Educación Primaria de la RIEB 2009, de que dominen el enfoque para desarrollar competencias, además de que manejen adecuadamente los enfoques teóricos y metodológicos de los materiales de apoyo a la enseñanza.
  • Un aspecto que no se debe descuidar es el trabajo en conjunto, por tal motivo se debe impulsar y orientar la coordinación del trabajo colegiado en las escuelas para: a) evaluar la situación educativa de cada plantel; b) favorecer el intercambio de experiencias educativas y establecer alianzas con padres de familia y otros miembros de la comunidad a favor de la educación de los alumnos; c) además para administrar y dar un uso adecuado a los recursos materiales, tecnológicos, financieros y funcionales de los que disponen.
  • Para impulsar la creatividad, la innovación educativa y brindar una oportuna asistencia académica, es necesario mantener una constante comunicación; los diálogos con directivos y con docentes permiten conocer sus políticas, sus compromisos y metas educativas; para ello será necesario realizar los tres tipos de visitas supervisoras (la de acompañamiento, la de evaluación y las incidentales). Dentro de estás actividad será necesario elaborar planeaciones estratégicas, pues en ellas se deberá establecer el qué se va a hacer, el cuándo se va a hacer y el cómo hacerlo; además se deben establecer las prioridades y criterios para la visita considerando las circunstancias, el historial y cuidando de no desamparar ciertas escuelas. Para consolidar esta tarea, será importante elaborar un registro de las visitas al aula y hacer un seguimiento a partir de las observaciones realizadas en visitas anteriores y de criterios para analizar e identificar los aspectos que se han mejorado, en los que no hay avance o acciones que representan dificultad o problema. Como resultado de este ejercicio se debe dar cuidadosas y meticulosas recomendaciones, sugiriendo estrategias, materiales o instancias a las que pueden acudir para mejorar su enseñanza o recibir apoyo para la atención de casos específicos.
  • Como supervisor de una zona escolar de escuelas primarias se requiere de una constante autoformación y capacitación para dar respuesta a las necesidades de práctica directiva y docente, por lo tanto este agente debe aprovechar las estrategias de actualización y profesionalización que las autoridades educativas le ofrezcan.
  • El supervisor debe ser cuidadoso y con actitud empática acercarse al colectivo para invitarlos a inscribirse en los cursos, diplomados y otros estudios que les ayuden a transformar sus prácticas profesionales. “El que se atreva a enseñar, que nunca deje de aprender”.

 

 

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